Equilibrados
Somos una afición exigente. Demasiado, si consideramos la categoría en la que militamos, el presupuesto, la masa social y aquello que alguno tiende a llamar imponderables del fútbol (cercanía de equipos importantes, falta de raigambre pepinera en la ciudad, identificación...), esas cosillas que nos hacen únicos y, desgraciadamente, limitados. No voy a entrar a valorar lo buena o mala afición que podemos llegar a ser. La exigencia viene, como ya comenté, de lo que uno se acostumbra a ver. Si empezamos bien, nos autoexigimos más. Toda nuestra fidelidad tiende a exagerar sentimientos y desear lo bueno no siempre debe ser exigir la perfección. Lo malo es lo contagiosa de nuestra actitud.